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La agenda literaria de Gran Canaria

¿Qué se lee en Las Canteras? Capítulo III

¿Qué se lee en Las Canteras? Capítulo III

A tan solo unos metros de la orilla, Aurora está viajando al centro al de la Tierra. No sabemos si se trata de una travesía turbulenta puesto que la inclinación del libro nos impide ver su cara. Cuando por fin nos acercamos, nos recibe amablemente pero sin nunca llegar a cerrar el libro: los dedos son marcapáginas poco fiables. Nos aclara que, aunque lo parezca, no lee sino que relee. Si un libro es como un buen amante, pensamos, se ha de repetir…y se repite. Aurora está en dos mares a la vez, el calmo que sestea a su lado y el interno, que imaginó Julio Verne y describió tal que así:

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Aunque el escritor francés nunca llegó a visitar Canarias, escribió en varias ocasiones y formatos sobre las Islas, por ejemplo en Agencia Thompson y Cía. (1907) y en El Rayo Verde (1882). La primera, publicada póstumamente, narra la historia de un empresario llamado Thompson que inicia una agencia de viajes turísticos en las costas ibéricas y que se enfrenta a un desafío de precios con su potente rival: la compañía Baker. Thompson vence y logra embarcar a un variopinto grupo de personas en un viaje turístico que recalará, entre otros lugares, en Gran Canaria, con incursión/excursión al centro …de la isla. He aquí la visión de Verne:

“En menos de tres horas se llegó a Gáldar, residencia de antiguos reyes berberiscos, sobre la costa Noroeste; después, habiendo atravesado la villa de Agaete, se llegó hacia las cinco a Artenara.

Situado en la pendiente interior de la Caldera de Tejeda en una altitud de 1.200 metros, el pueblo de Artenara es el más elevado de toda la isla, ofreciendo una vista espléndida. El circo, sin hundimiento, sin ningún desplome, sin ninguna cortadura, desarrolla ante las miradas atónitas su elipse de treinta y cinco kilómetros, de cuyos lados convergen hacia el centro arroyos y colinas bajas, a cuyo abrigo se han construido aldeas y caseríos.

En menos de tres horas se llegó a Gáldar, residencia de antiguos reyes berberiscos, sobre la costa Noroeste; después, habiendo atravesado la villa de Agaete, se llegó hacia las cinco a Artenara. Situado en la pendiente interior de la Caldera de Tejeda en una altitud de 1.200 metros, el pueblo de Artenara es el más elevado de toda la isla, ofreciendo una vista espléndida. El circo, sin hundimiento, sin ningún desplome, sin ninguna cortadura, desarrolla ante las miradas atónitas su elipse de treinta y cinco kilómetros, de cuyos lados convergen hacia el centro arroyos y colinas bajas, a cuyo abrigo se han construido aldeas y caseríos.

La villa es de las más singulares. Poblada única y exclusivamente de carboneros que, de no evitarlo, pronto habrán hecho desaparecer de la isla los últimos vestigios de vegetación. Artenara es una población de trogloditas. Tan sólo la iglesia eleva su campanario al aire libre. Las casas de los hombres están cavadas en las murallas del circo, colocadas las unas encima de las otras e iluminadas por aberturas que desempeñan el papel de ventanas. El suelo de estas casas se halla recubierto de esteras, sobre las que se sientan para las comidas. En cuanto a los demás asientos y a los lechos, la naturaleza misma era la que hacía el gasto, y los ingeniosos canarios se han contentado con aprovecharse de esas ventajas de la naturaleza. No podía pensarse en pasar la noche en Artenara, pues la hospitalidad de aquellos trogloditas hubiera sido necesariamente muy rudimentaria. Impúsose una hora de marcha todavía y hacia las seis pudieron echar pie a tierra definitivamente en Tejeda, pequeña villa a que ha dado su nombre de Caldera”.

Leer forma parte de la rutina deseada de Aurora: paseo por Las Canteras, baño y lectura, aunque sea tan solo media hora. Tiene toda la colección del autor que editó el Círculo de Lectores y en su casa “que es una biblioteca” las estanterías las pueblan igualmente las colecciones de los Premios Nobel y los Pullitzer pero, ¡ah!, Verne es y será siempre su escritor favorito.

Nos despedimos, damos un paso y miramos atrás, pero ella ya está de nuevo lejos, muy lejos. En tan solo un instante, Aurora ha retornado feliz a las profundidades terrestres.

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