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La agenda literaria de Gran Canaria

Nunca es tarde, si la prosa es buena

Nunca es tarde, si la prosa es buena

La juventud literaria, según los certámenes, finaliza a los 35 años. Sin embargo, son muchos los escritores que han publicado su primera obra bien pasada esa edad. Son los llamados ‘escritores tardíos’. Muchos de ellos son los autores de obras clásicas. El primero que nos viene a la cabeza es José Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998. Aunque escribió una novela a los 25, esta resultó un fracaso editorial. También publicó algunos libros de poesía pero su carrera novelística, tal y como la conocemos, comenzó poco antes de que cumpliera 60 años, con Levantado del suelo. Su obra maestra Ensayo sobre la ceguera la firmó a los 75.

Philip Marlowe tuvo que esperar unos cuantos años para ver la luz. Raymond Chandler publicó su primer cuento, una historia de detectives, en 1933, a los 45 y su primera novela a los 51, El sueño eterno. La siguiente, Adiós, muñeca, llegaría un año más tarde. Antes había trabajado en un petrolera hasta que perdió su empleo en la época de la Gran Depresión, aunque se cuenta que no fue ese precisamente el motivo. Charles Bukowski, tras varias desilusiones después la publicación de unos relatos cortos, abandonó la literatura durante una década. Vuelve a los 49 con Cartero. Manuel Gutiérrez Aragón publicó su primera novela La vida antes de marzo a los sesenta y siete años con la que se hizo además con el XXVII Premio Herralde. Luis Landero debuta a los 41 años con Juegos de la edad tardía. Stieg Larsson escribe la famosa trilogía a partir los 47 años. Entre las lecturas clásicas, tenemos a Mark Twain que publicó Las aventuras de Huckleberry Finn a los 49. O Robinson Crusoe que nació de un padre, Daniel Defoe, de 58 años. Entre los recientes, el más tardío que nos hemos encontrado es Harry Bernstein, autor de El Sueño, que logró la fama con su biografía, nada menos que a los 95 años.

Los primíparos tardíos

¿A qué se debe? Hay quien sugiere que es simplemente un fallo de mercado, falta de confianza editorial, apoyo institucional o conexiones en el mundillo. Otros postulan que no es hasta llegar a una edad avanzada cuando estos autores por fin se dan cuenta de que sus escritos valen la pena, aunque la vocación literaria ya estuviera presente desde la juventud. Incluso los hay que opinan, como Galeson, que hay dos tipos de creatividad, la conceptual y la experimental y que es esta última la que subyace en la producción que se realiza en la madurez.

Animando a todos, de cualquier edad, a escribir, les dejamos con la primera estrofa de “Oda a la Edad” de Pablo Neruda.

Yo no creo en la edad.

Todos los viejos
Llevan
en los ojos
un niño
y los niños
a veces
nos observan
como ancianos.

¿Y tú? ¿Cuándo comenzaste a escribir? ¡Cuéntanoslo! En Majalula.com queremos leerte 😉

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