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La agenda literaria de Gran Canaria

Enfermedad y Literatura

Enfermedad y Literatura

Con este título promovido por el colectivo ArteMisia Mujeres+Arte, no nos podíamos resistir a sentarnos en el patio de la Fundación Negrín. El entorno es el del proyecto expositivo Metáforas del Exilio (18/06 al 19/10), comisariada por la galerista Saro León, en el que se presentan cinco exposiciones individules de cinco artistas: Exilio puro y duro, de Berbel; Travesías de papel, de Marta Vega; Alétheia, de Pilar Rodiles; Exilio y patria, de Teresa Correa y Enfermedad y exilio, de Paqui Martín. Para el IV Encuentro son cuatro las mujeres que nos ofrecerán sendas visiones sobre la temática propuesta: MªTeresa Hernández, Franca Dimar, Eduvigis Hernández y Paqui Martín.

Comienza Mª Teresa Hernández contándonos que la literatura que trata sobre la enfermedad recibe el término de literatura patográfica y que no es nada nuevo, ya en el Antiguo Testamento se hablaba de las plagas de Egipto; Bocaccio habla de la “muerte negra” en el Decamerón; Daniel Defoe relata los efectos pandémicos en el Londres de 1655, en El diario del año de la peste; Thomas Mann sitúa en un hospital para tuberculosos su obra magna La montaña mágica; y en castellano tenemos ejemplos como el de  Pabellón de reposo de Camilo José Cela, obra concebida tras dos estancias en sanatorios.

La enfermedad es un exilio y Mª Teresa escoge a dos autores para hablar del impacto literario de sus dolencias. Para empezar, Henning Mankell, el creador del inspector Kurt Wallander y director artístico del Teatro Avenida de Maputo, Mozambique, quien descubrió, a raíz de un accidente, que padecía cáncer de pulmón y metástasis. Ello le recordó uno de sus mayores temores infantiles: las arenas movedizas. Pasó diez días tratando de asimilar la noticia hasta que recordó que estas no existen, que es un mito y es entonces cuando se decide a escribir sus memorias homónimas (Arenas movedizas, Tusquets, 2015), reconstruyendo su infancia y juventud como forma de asentarse en la solidez del pasado.

Por otro lado, tenemos a Roberto Bolaño. A los 39 años le diagnostican una insuficiencia hepática grave. Mientras escribe 2666 (Anagrama, 2004), espera el trasplante. Sin embargo, prefiere no escribir ello. Lo hace, en cambio, en El Gaucho insufrible (Anagrama, 2004), el cual incluye, junto con otros cinco relatos, la conferencia Literatura + Enfermedad = Enfermedad. Bolaño considera a ambas como padecimientos, si bien uno es voluntario y el otro sobrevenido. El texto fue dedicado a su amigo el doctor Víctor Vargas, hepatólogo. Cuentan que el escritor, al ser preguntado sobre 2666, daba como respuesta: “Esta novela me está matando”.

Continúa la apasionante disertación, con un cambio de foco: ¿qué sucede cuando el escritor sufre la enfermedad de un ser querido? Para ello, Hernández elige a Francisco Umbral. El hijo del autor fallece a los cinco años a causa de una leucemia. Durante un año, el autor escribe un diario íntimo al que cambia el título original Estoy oyendo crecer a mi hijo por Mortal y rosa. Este último, Umbral lo toma de uno de los versos finales de “La voz a ti debida”, de Pedro Salinas:

«…esta corporeidad mortal y rosa

donde el amor inventa su infinito».

Recuperamos un fragmento de la obra:

“Solo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre. Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia, como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse. Si no, haría ese gesto y nada más.

 

Continúa la presentación con Julio Cortázar y su esposa Carol Dunlop, fotógrafa canadiense. Ambos están enfermos. Ambos conocen la enfermedad terminal del otro pero no la propia. Deciden emprender un viaje, aparentemente poco exótico: la autopista del Sur, París-Marsella, un trayecto que los parisinos tratan de comprimir al máximo, y hacen de él una travesía de 33 días. Ese es el escenario cambiante de Los autonautas de la cosmopista (Alfaguara, 1996), obra conjunta de El Lobo y La Osita. La mera lectura del índice ya nos transporta. Se detienen en todos los aparcaderos y en cada uno de ellos realizan expediciones científicas. Son las reglas del juego. Durante el trayecto, no hablan de la enfermedad. El plan conjunto es divertirse escribiendo. La literatura es una vida paralela.

El viaje concluye el 27 de junio de 1982 y Carol muere pocos meses después, el 2 de noviembre de 1982, a los 36 años, víctima de leucemia. Cortázar está en “un pozo negro” pero apela a que se la recuerde con luz. En 1984, el 12 de febrero, muere a los 69 años, también de leucemia.

 

Por último, se analiza Paula de Isabel Allende (Plaza y Janés, 2003). A la autora la llaman del hospital y le dicen que su hija está muy enferma. Paula está en estado comatoso, enferma de porfiria. En esta novela, Isabel narra a su hija la historia propia y la de su familia, envuelta en un halo mágico. La escribe por las noches, fuera del horario de visitas.

Concluye Mª Teresa diciendo que la enfermedad no siempre produce obras literarias, a veces tan solo la parálisis y que la creación puede convertirse en un forma de escapismo pero no forzosamente. No se sabe cómo salen los escritores de la enfermedad pero sí cómo lo hacemos sus lectores: salimos mejores, conscientes del dolor a través de la experiencia empática porque al fin y al cabo cuando entramos en una obra literaria emprendemos el exilio, uno voluntario.

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Seguimos con Isabel Allende, porque Franca Dimar escoge su última novela El amante japonés (Plaza y Janés, 2015) para estudiar el tratamiento de la enfermedad que la autora hace en el mismo. En su última novela, los personajes de Allende padecen distintas enfermedades y Dimar nos lee varios pasajes relativos a las diversas patologías; unas que se superan, algunas cuya naturaleza no termina de desvelarse debido al estigma y otras de diagnóstico erróneo.

 

Carson McCullers es la escritora escogida por Eduvigis Hernández. La autora de El corazón es un cazador solitario (Seix Barral, 2001) padeció, desde la infancia, graves enfermedades como fiebres reumáticas o ataques cerebrales. Eduvigis cuenta la historia de cómo McCullers escribió Un árbol, una roca, una nube, relato que aparece en Balada del café triste (Seix Barral, 2011) y cita a la autora: “Mi salud depende casi por completo de la escritura”. Nos recomienda la lectura de la biografía de McCullers escrita por Josyane Savigneau (Circe, 1997).

Asegura Eduvigis que los escritores enfermos nos dan la vida, como es el caso de Dostoyevski, Chéjov, Kafka, Mansville o Proust. Continúa leyendo algunos fragmentos de los correos que intercambió con la escritora Dolores Campos Herrero en sus últimos años. En esta correspondencia, son varios los libros y autores que cita y/o recomienda la escritora, como es el caso de Silvina Ocampo. Eduvigis cita a Campos Herrero: “Frente a la salud, el aliciente de seguir disfrutando y mucho de la literatura”. Finaliza con el escritor Antonio Lozano, y la lectura de algunos pasajes del relato Un abrazo en el campo de batalla perteneciente al libro colectivo de la Asociación Pequeño Valiente que pronto verá la luz.

Paqui Martín cierra el acto leyendo tres textos, uno de Teresa Correa, otro de su hermana y otro de San Agustín, que dice así: “La muerte no es nada […] Dadme el nombre que siempre me has dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente. No toméis un aire solemne y triste. Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos.”

 

Inspiramos hondo. Por fortuna estamos en el patio de la Fundación Negrín y, en la cuenta final del verano, corre el aire. Tenemos ganas de salir corriendo a leer o a releer los libros que se han citado y otros tantos que nos vienen a la cabeza. Después de una presentación tan estimulante, eso es exactamente lo que queremos: volver a exiliarnos en un libro.

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